El gancho del aprendizaje

¿Qué es leer? ¿Qué relación tiene la lectura con la comprensión? ¿Y con el aprendizaje? La autora Isabel Solé trata éstas y más cuestiones en su libro Estrategias de Lectura, Editorial Grao, Barcelona, 1998. Aquí podéis leer el texto, y a continuación os hago un pequeño resumen.

Por medio de la lectura construimos una interpretación personal de la realidad acerca de la cual estamos leyendo, en eso consiste comprender un texto, bien sea acerca de la poesía del Romanticismo, la estructura general interna de una centrifugadora o acerca de conceptos en principio tan abstractos y en apariencia lejanos como la felicidad, la virtud o el contenido del juramento hipocrático. En esa construcción el personaje principal es el texto, sin el cual esta maravillosa obra de teatro no existiría, y el personaje secundario sería el propio lector, que de manera activa y haciendo un esfuerzo cognitivo (la lectura nunca es pasiva, entonces sería escucha, y no lectura) va dando forma y significado a los contenidos que descifra del texto.

La autora mantiene la tesis de diferentes comprensiones, a partir de un mismo texto, en diferentes lectores. Esto se debe a los esquemas de conocimiento (Coll, 1983) mediante los cuales las personas comprendemos un escrito. Diferentes experiencias, diferentes comprensiones, por lo que no puede haber una interpretación absoluta de un escrito.

Por otra parte, los objetivos o intenciones que pongamos en la lectura de un texto son también determinantes en la comprensión del mismo. Los objetivos establecen las estrategias que utilizamos y nuestro control de la comprensión del texto, partiendo de un estado de piloto automático (Brown, 1980) que mantiene un nivel de comprensión constante de forma inconsciente y natural, hasta que se encuentra con alguna dificultad.

El control de la comprensión es esencial para la lectura eficaz de un texto; así como la fijación previa de los objetivos, puesto que saber por qué hacemos algo es lo que nos permite darle un sentido. Ese sentido que establecemos al texto viene dado por una implicación previa con su lectura, con una previa capacitación y motivación que de faltar, otorgaría una pesada carga a la comprensión y lectura del escrito.

La motivación e interés no surge de la nada, sino que se crea y se fomenta. Si en mi casa no hay afición por el bádminton, ni en ningún círculo social que me rodea es muy probable que a mí no me interese nada. No obstante, si hay cierto interés y a mi alrededor se crea un ambiento deportivo en el que se practica o se habla de bádminton, es entonces cuando puede florecer el interés. Citando al refranero español, de donde no hay no se puede sacar. La conclusión pedagógica y didáctica de esta situación es altamente alentadora para el panorama lector del alumno. Citando a la autora de este texto, la lectura “de verdad” es aquella en la que nosotros mismos mandamos… una lectura íntima y por ello individual. Para ella leer es comprender, y comprender es un proceso por medio del cual damos significado al texto que tenemos delante. La consecuencia lógica inmediata podría ser formulada de la siguiente manera: ¿En ese caso, podríamos aprender a partir del texto?

En el segundo epígrafe de este capítulo, la autora nos remite a la idea de leer para aprender (una vez hemos aprendido a leer). Para ello recupera la idea de “aprendizaje significativo” de Ausubel (1963) por medio de la cual se explica el significado que se le otorga a un contenido en cuestión.

Podemos estar seguros de haber aprendido cuando nuestros conocimientos acerca de una determinada materia  son ampliados, modificados o se han establecido nuevas relaciones con otros conceptos. Al comienzo de la lectura no existía cierta sintonía entre nuestros conocimientos (los “esquemas de conocimiento” de Coll) y el contenido, pero tras una revisión lectora la situación puede llegar a cambiar totalmente. Es entonces cuando hablamos de significatividad psicológica, y nuestros conocimientos previos llegan a integrarse con los que hemos leído. Si hubiese un “encefalograma plano” y los conocimientos no nos aportasen nada, no se establecerían relaciones con aquello que ya conocíamos, entonces no podemos hablar de aprendizaje, seguimos igual.

Al mismo tiempo se establece otro nivel de significatividad de carácter lógico (Ausubel). La información o conocimientos que debemos incorporar deberían mantener un equilibrio entre la novedad y lo rutinario, para que exista un interés mínimo y una correcta organización. Si no existe esa coherencia lógica con nuestros conocimientos previos, los alumnos no encontrarían sentido al texto y por tanto el aprendizaje no se produciría e incluso el estudiante puede llegar a pasarlo mal.

Cuando se produce este aprendizaje significativo se produce la memorización comprensiva, y el conocimiento adquiere por tanto una función, pasa a ser pragmático podríamos decir. “Cuando leer implica comprender – mantiene Solé- leer deviene un instrumento útil para aprender significativamente. Y los justifica con dos precisiones:

–         Cuando un lector comprende lo que lee desaparece la indiferencia con respecto al texto, se lee por placer.

–         No solo cambian los objetivos que nos motivaron a leer un texto en concreto, sino que se solidifica la idea de que leemos para aprender. Como consecuencia del aprendizaje, queremos aprender más y queremos asegurar dicho objetivo, estamos “enganchados al aprendizaje”.

Adelcano

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