Las cinco claves del Hobbit

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1) Sal de tu pequeño agujero hobbit: complícate la vida.
Bilbo Bolsón estaba cómodamente instalado en un estuche, en su agujero hobbit- in a hole lived a hobbit (homo+rabbit). Su confort se ve interrumpido por una llamada a transformar el mundo: Gandalf y los Enanos le convocan a una increíble aventura. La inercia del mediocre (del típico occidental opulento) es quedarse en casa junto al fuego (o frente a la pantalla). Pero en Bilbo se despierta otro fuego latente en su sangre… y sale a los caminos. No tiene muy claro lo que puede aportar, pero sí intuye que tiene una misión. Se siente convocado a salir de su pequeño mundo confortable. 

2) Muévete, busca buenos guías, confía y llegarás.
Como sabe cualquiera que haya subido a la alta montaña, en el camino se crece. Se aprende a viajar con menos cosas… muchas cosas materiales dejan de parecer imprescindibles y se quedan atrás, la persona y el alma se robustecen. Caminando se aprecia más a los compañeros de cordada. Como le sucede a Bilbo con los Enanos. Siempre se aprende más de los guías veteranos que de un buen plano. Bilbo se fía y aprende de Gandalf. Pero los guías en cierto momento le dejan a uno solo, para que aprenda a volar y a valerse por su cuenta. Por el camino, se ganan tesoros y sabiduría. Nada de eso se ganaría sentado en casa. 

3) Demasiadas casualidades juntas no suceden por azar.
Una y otra vez, Bilbo tiene una extraña suerte. No es otro sino él quien encuentra la fortuna. ¿Es él quien encuentra el Anillo o es el Anillo quien lo encuentra a él?. Se van sumando demasiadas casualidades Qué casualidad que él, una y otra vez, encuentre justo lo necesario, llegue justo en el momento… El lector espabilado advierte que no es suerte. Se puede descubrir un designio providencial. Gandalf lo deja claro al final: “no pensarás que todas tus aventuras y escapadas eran mera suerte, sólo para tu beneficio, ¿verdad?” 
Nietzsche se equivocaba al fiarlo todo al triunfo de la voluntad y más se equivocó Hitler cuando siguió tal planteamiento. No es cuestión sólo de voluntad, hay una asistencia sobrenatural. En El Señor de los Anillos se ve más claro: ¡no es Frodo quien con todos sus esfuerzos destruye el Anillo maligno! Hay algo más. Una plan, un designio, una Providencia.

4) Busca el bien con toda tu valentía, que el mal ya te lo encontrarás.
La virtud es el hábito de optar por lo bueno, elegir lo bueno y fortalecerse en el bien habitual. Bilbo supera su miedo una vez, y luego otra, y otra, y acaba haciéndose valiente. Repetir actos de valentía le hace a uno cada vez más valiente. Al abandonar su cómodo agujero, se hace desprendido y generoso. Hacer actos repetidos de generosidad, le hace a uno más generoso. Bilbo no es grande ni fuerte, pero no se rinde: y al final consigue grandes cosas. La gente que se ve pequeña, como los hobbits, son muchas veces el elemento crucial para resolver los asuntos más grandes.

5) Con los dragones no se negocia; 
Con el dragón no se puede negociar, ni jugar a acertijos ni llegar a un pacto: el dragón al final te devora. Cuanto menos se arriesgue uno con el dragón, mejor.
Escrito por Miguel Angel Martinez

mamartinez@unav.es

— 
adelcano

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