Juzgado por desamor

Un artículo completo de Carlos Chiclana que me ha gustado mucho. Al final del mismo os dejo el enlace.

Si me amas no necesitas juzgarme, si me quieres no necesitas condenarme, si te importo no necesitas etiquetarme.

Me encantaría “perder el juicio”. Quizá no está bien que un psiquiatra diga esto. Probablemente es lo que quiero decir. A veces me miro al espejo y me veo con toga negra, peluca y un martillo de juez para dictar sentencia. Adicto a la justicia.

            Me contaba un directivo de una empresa que al tratar su equipo los objetivos anuales, les anima a que se planteen cómo crecer en algún aspecto de desarrollo personal que puedan practicar en el trabajo.

            Este año varios de ellos se habían propuesto “No juzgar”. Por propia iniciativa. Cuando lo leyó se quedó tan admirado y satisfecho que no pudo más que juzgarles y declararles inocentes. Con un equipo así, al fin del mundo. ¿Imaginas cómo evolucionaría tu empresa o tu familia si no hubiera juicios? ¿Caos o paz?

            Es clásico el grito del niño: ¡no es justo! A veces nos volvemos adictos a la justicia. No a la virtud de la justicia, sino al criterio de “lo que debería ser”. Según nuestro  criterio, claro. Se nos mezcla lo que deseamos con lo que necesitamos, lo que nos gustaría con lo que es. Nos llenamos de derechos (bienestar, bien tratados, salud, amor, suerte…). Se nos confunde el punto de vista personal con lo bueno o malo.

            No sé si te ha pasado pero es tremendo. A mí me pasó: empiezas a quejarte mucho y no hacer nada, te metes en un constante desengaño, las relaciones personales se vuelven tensas y lo peor de todo es que te crees que tienes razón. Que eres el único que lleva bien el paso en esa compañía. A golpe de martillo y con un estudiado movimiento de peluca.

            No juzgar es una verdadera liberación. Está muy de moda con todas las técnicas de meditación herederas del zen y del budismo. Parece que es un tema muy new age, muy mindfullness, muy cool dentro del buen rollito “love is in the air“. Aunque ya lo había leído yo en un antiguo libro: “no juzguéis y no seréis juzgados“. Modernidades de hace 2000 años. A lo mejor es que el ser humano es uno.

            Podría parecer que no juzgar es no tener filtro, perder el sentido crítico o “perder el juicio”. Como si no hubiera verdad. Sin embargo te pone en la tesitura del amor, la libertad y la aceptación.

            La filosofía del “No juzgar” tiene mucho de apertura, crecimiento y desarrollo y poco de filosofía: el sentido crítico con el que abordas las situación y buscas soluciones es mucho más rico. Juzgar te limita el encuentro con la persona, te pone a discutir sin preocuparte de lo que puede haber de verdadero y amable (puede ser amado) en esa situación.

            Cuando te escapas del juzgar al país de la aceptación, de la queja pasas al protagonismo: ¿qué puedo hacer yo?. De la exigencia de mis deseos, a la valoración de mis necesidades. De la resabiada autonomía a una sana dependencia de la que se disfruta con libertad.

            Un amigo se lamentaba: “Tengo la casa llena de “hay qué” y “debo de”, escondidos detrás de las puertas, en los cajones de la cocina y me los encuentro en los bolsillos del abrigo. Quiero transformarlos en quiero, deseo, me gustaría, estaría genial y voy a trabajar para conseguirlo“.

            Antes de moralizar o etiquetar la conducta de otro permítete escuchar, observar, sentir. Libérate del “tiene qué“, “debe de” y permítete conectar con la otra persona, conocerle, sentirle y desde ahí, seguir con él o seguir tu camino. No te pre-obligas con pre-juicios, ni te obligas con juicios. Ni condenas ni salvas. Observa, escucha, atiende, déjalo estar y tú actúa conforme tú consideres qué es lo bueno. Demasiada responsabilidad ¿no? Exige conciencia personal.

            Paseaba por un parque cercano. Estaba allí sentado “el negro que pide en el supermercado“. ¿Qué hacía? Limpiarse los zapatos. Brillantes como sus ojos. Así es la vida. ¿Qué historias me habré inventado tantas veces al verle pidiendo? ¿Cuántas veces le habré condenado por no trabajar?

            Si me amas no necesitas juzgarme, si me quieres no necesitas condenarme, si te importo no necesitas etiquetarme. Si no me amas, ni me quieres ni te importo, no pierdas el tiempo pensando en mi. Si te amas, te quieres y te importas pon en práctica todo lo que me ibas a decir a mí y yo aprenderé de ti. Como dice una conocida pintada: “Estaré loco, pero al menos puedo volar“. Love is in the air: breathe and inspire.

Puedes encontrar el artículo original aquí.

Un saludo, buena semana y ánimo con los trimestrales.

Antonio

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